Los Monocultivos en Colombia
Imagina un vasto mar verde de café extendiéndose hasta donde alcanza la vista. Esta
imagen, tan icónica de Colombia, es un perfecto ejemplo de monocultivo - la práctica de
cultivar una sola especie en grandes extensiones de tierra. Pero, ¿qué hay detrás de esta
aparente uniformidad? En este ensayo, vamos a sumergirnos en la fascinante y compleja
historia de los monocultivos en Colombia, explorando cómo han moldeado no solo nuestra
economía, sino también nuestra sociedad y nuestro entorno.
Remontémonos al siglo XIX. Colombia, un joven país, buscaba su lugar en el
mundo. Es entonces cuando el café entra en escena, convirtiéndose en nuestra estrella de las
exportaciones (Palacios, 2002). Pronto, las colinas se vistieron de verde café, y el aroma de
los granos tostados se convirtió en sinónimo de prosperidad.
Pero el café no estaba solo. Con el tiempo, el banano, la caña de azúcar y, más
recientemente, la palma aceitera, se unieron a esta sinfonía de monocultivos. Cada uno trajo
consigo promesas de riqueza y desarrollo.
Y vaya que cumplieron, en parte. El café, por ejemplo, llegó a representar hasta el
80% de nuestras exportaciones en la primera mitad del siglo XX (Federación Nacional de
Cafeteros, 2020). ¡Imaginen eso! Ocho de cada diez dólares que entraban al país venían de
esos pequeños granos aromáticos.
Pero como en toda buena historia, hay luces y sombras. Los monocultivos trajeron
bonanza, sí, pero también nos hicieron vulnerables. Cuando los precios del café caían en el
mercado internacional, toda nuestra economía se tambaleaba.
Y no solo eso. La expansión de los monocultivos cambió el rostro de nuestro
campo. Grandes extensiones de tierra quedaron en manos de unos pocos, mientras muchos
campesinos se vieron desplazados. Esta desigualdad, tristemente, echó más leña al fuego de
nuestro conflicto armado (LeGrand, 1988).
Nuestros bosques y nuestra biodiversidad también pagaron un precio. La palma
aceitera, por ejemplo, en su expansión entre 2002 y 2008, fue responsable de
aproximadamente el 5% de la deforestación en Colombia (Fedepalma, 2018). Cada
hectárea de palma significaba una hectárea menos de nuestros exuberantes bosques
tropicales.
Pero no todo es blanco y negro. Algunas regiones, como nuestro querido Eje
Cafetero, florecieron gracias al café. Otras, como las zonas bananeras de Urabá, vivieron
historias más complejas, marcadas por conflictos laborales y violencia.
Los monocultivos son como esos amigos que tienen virtudes y defectos. Han sido
fundamentales en nuestra historia económica, ayudándonos a crecer y a darnos a conocer en
el mundo. Pero también nos han dejado cicatrices: desigualdad, daños ambientales y una
economía a veces demasiado dependiente.
Ahora, mientras avanzamos en el siglo XXI, el desafío está en nuestras manos.
¿Cómo podemos aprovechar lo mejor de los monocultivos sin caer en sus trampas? ¿Cómo
podemos producir de manera que sea bueno para nuestra economía, nuestra gente y nuestro
planeta? Estas son las preguntas que debemos responder para escribir el próximo capítulo
de nuestra historia agrícola.
Referencias:
Federación Nacional de Cafeteros. (2020). Estadísticas históricas. https://federaciondecafeteros.org/wp/estadisticas-cafeteras/
Fedepalma. (2018). Informe de gestión Fedepalma 2018. https://web.fedepalma.org/sites/default/files/files/Fedepalma/InforimeGestion2018.pdf
LeGrand, C. (1988). Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950). Universidad Nacional de Colombia.
Palacios, M. (2002). El café en Colombia, 1850-1970: Una historia económica, social y política. El Colegio de México.
El tema de monocultivos es algo que se ha vuelto muy recurrente y evidente en nuestro país ya sea por que es más fácil de trabajar por que se han adquirido conocimientos previos o en lo que respecta al cuidado del cultivos pero esto para en agricultor de alguna manera u otra puede traer algunos beneficios pero también todo esto causa un imparacto social pero en especial ambiental ya que se genera una degradación del suelo y por que no de el ecosistemas como tal.
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