El rostro femenino de las sans-culottes

 Maria Jose Mera Muñoz

​“Libertad, igualdad y fraternidad”, una frase prometedora para las clases más bajas que padecían

de inanición en un contexto donde el mal manejo de la burguesía en Francia condujo al comienzo

de un suceso histórico que posteriormente sentará las bases de los derechos humanos modernos

en el mundo.

​A pesar del gran cambio que significó la Revolución francesa en el mundo, en repetidas

ocasiones se omite mencionar la inconsistencia de su promesa inicial: la invisibilización

sistemática aplicada a la mitad de la población, las mujeres. En 1789, cuando se redactó la

reconocida “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, se proclamó que “todos

los hombres nacen libres e iguales”; sin embargo, la palabra “hombre” se aplicó de manera

literal. El texto busca visibilizar y reconocer a las mujeres que atravesaban esta ola

revolucionaria viéndose obligadas a emprender una doble lucha: una contra la tiranía monárquica

y otra contra la omisión política de sus compañeros de revolución.

​Corría octubre del año 1789, la revolución recién mostraba sus primeras etapas; en la Asamblea

Nacional se seguían escribiendo titulares teóricos de la libertad después de meses, lo cual

contrastaba con la realidad parisina. Sus habitantes padecían los estragos de los precios altos,

escasez y malas cosechas. Sin embargo, esto llegó a un límite insostenible, y Francia se enfrentó

a un estallido la mañana del 5 de octubre; fue cuando la desesperación de las madres por tener

alimentos en su mesa las coaccionó a tomar el control de las armas de la ciudad: con picas,

cuchillos y determinación, miles de mujeres se transformaron en una fuerza que logró inundar las

calles de París.

​El grupo realizó un recorrido de más de veinte kilómetros mientras eran golpeadas por la lluvia

hasta el Palacio de Versalles para exigir respuestas a la corona. Al irrumpir en la Asamblea

Nacional, derrocaron estos discursos abstractos de los diputados; como señala el historiador

Albert Soboul (1981), “las mujeres del pueblo, las más afectadas por la crisis de subsistencia,

fueron las verdaderas promotoras del movimiento, obligando al rey a abandonar Versalles” (p.

145). Sin esta primera intervención femenina, no se hubiera logrado acorralar a Luis XVI, ni su

posterior captura en el palacio de las Tullerías, demostrando la importancia de las mujeres que

ejercieron la fuerza para lograr el golpe político más importante de la revolución.

​No obstante, la lucha de las mujeres no solo se dio con fuerza física, también se resalta la

importancia de la lucha intelectual, la cual ayudó a consolidar el reconocimiento de los derechos

políticos. Esta fue encabezada por Olympe de Gouges cuando se planteó un borrador de la

constitución que silenciaba los derechos de las mujeres, quienes constituían aproximadamente la

mitad de la población. De Gouges realizó algo considerado extremadamente revolucionario e

insólito para la época: reescribió el texto para darle apertura a “La Declaración de los Derechos

de la Mujer y de la Ciudadana”, en la cual no solo se exigía el reconocimiento político, acceso a

la propiedad y la posibilidad de acceder a cargos públicos, también logró impulsar ideas que

desafiaban a los nuevos legisladores: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? [...] ¿Quién te ha dado

el soberano imperio para oprimir a mi sexo?” (De Gouges, 1791/2000, Párrafo 1).

​Al momento, la creencia popular se basaba en impedir que la mujer se extralimitara fuera de los

roles del hogar, debido a que “su propósito ya estaba dictaminado por la naturaleza”; aunque su

obligación también radicaba en cumplir ciertos deberes como cualquier otro ciudadano (el pago

de impuestos y el cumplimiento de leyes), cuando una mujer era capturada por cometer un delito,

esta era judicializada y guillotinada de la misma manera que un hombre. Olympe usó estas

obligaciones civiles que le eran impuestas a las mujeres para exigir recibir los mismos derechos

políticos: “La mujer tiene el derecho de subir al cadalso (la guillotina); debe tener igualmente el

de subir a la tribuna (el parlamento)” (De Gouges, 1791/2000, Art. X). Esta frase fue la que

acabó significando un trágico final para Gouges en 1793: la revolución que ella defendió con

fervor la acusó de “olvidar las virtudes de su sexo”.

​Al evaluar el proceso de la revolución, es relevante resaltar que la transformación del régimen no

dependió únicamente de las discusiones en la Asamblea ni de las decisiones de las élites

masculinas. El movimiento popular de octubre de 1789 demostró que la fuerza más determinante

nació de la urgencia material de las mujeres, quienes transformaron la escasez en un golpe

político directo al acorralar a la monarquía. asimismo, Olympe de Gouges expuso que la

supuesta igualdad proclamada por los ilustrados era, en realidad, un privilegio de sexo.

Las mujeres no fueron espectadoras ni acompañantes de la causa revolucionaria,asumieron el

costo de la violencia en las calles y la persecución, consolidándose como las verdaderas

revolucionarias que obligaron a replantear, el significado de los derechos y la ciudadanía


Referencias

De Gouges, O. (1791). Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

Observadores DDHH.

https://observadoresddhh.org/wp-content/uploads/2019/09/declaracion_derechos_mujer.pdf

​Soboul, A. (1985). La Revolución Francesa. Editorial Crítica / Internet Archive.

https://archive.org/details/soboul-albert.-la-revolucion-francesa-1985

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