De la máquina de vapor a la inteligencia artificial
Jhonier Sebastián Pulido
Le decimos "la" Revolución Industrial, en singular, como si hubiera sido un solo evento
con fecha de inicio y de cierre. Telares, vapor, siglo XVIII, y ya. Pero en realidad fueron varias,
separadas por décadas, y lo que se repite entre todas es más o menos esto: algo técnico
aparece, desordena lo que había, y ese desorden tarda años en asentarse en la vida de la
gente común.
La primera no fue un rayo en día despejado. Venía de atrás, de la Ilustración, de un
siglo entero de ciencia acumulándose sin hacer mucho ruido. Y acá hay algo que a mí me llamó
la atención: lo que la hizo posible no fueron los telares esos son los que salen dibujados en los
libros de historia sino el vapor, una manera distinta de sacar energía. Inglaterra no fue más lista
que el resto por usar carbón. Lo tenía a mano, y punto. Fue suerte geológica, no mérito.
Lo que cambió en serio, sin embargo, no se ve tan fácil. Fue la forma de vivir el día a
día. Se armaron ciudades enteras alrededor de las fábricas, y con las ciudades llegaron
escuelas, hospitales, asilos (había que hacer algo con tanta gente amontonada de golpe). Las
casas cambiaron de tamaño. Y la familia también dejó de ser la del campo, la grande, para
volverse algo más chico y más portátil, algo que se pudiera mudar detrás de un sueldo.
Después está el tema del tiempo, que a mí me parece el más raro de todos. Antes se
vivía siguiendo el sol y las estaciones. La fábrica trajo otra lógica: un tiempo que hay que medir
y controlar desde afuera. El reloj se volvió símbolo de toda una época. Aparecieron las tarjetas
para marcar entrada y salida, y los husos horarios se calcularon desde Greenwich para que los
trenes dejaran de chocar entre sí. E. P. Thompson escribió sobre esto hace más de cincuenta
años y su idea central es bastante fuerte: esa disciplina no llegó sola, hubo que meterla a la
fuerza, con multas con vigilancia, con la campana sonando cada mañana en la fábrica. Y en el
medio de todo eso, casi como reacción, nació también la idea de descansar. Las vacaciones.
Los balnearios. Cosas que antes ni existían como concepto.
Esto tampoco se quedó adentro de Europa. La industrialización terminó siendo el
combustible del imperialismo, no hay forma de contarlo distinto. Las potencias que dominaban
la técnica (el imperio británico llegó a controlar una cuarta parte del planeta) inventaron una
excusa que sonaba noble: la "misión civilizadora". En los hechos, servía para justificar que
siguieran expandiendo sus mercados. Mignolo hace una diferencia que ayuda a pensar esto
mejor: el colonialismo fue un hecho puntual, con fecha, pero la colonialidad es otra cosa, es la
lógica que sigue funcionando desde el siglo XVI hasta ahora. Y esa lógica no se queda solo en
lo económico: se mete en la política, en la familia, en qué se considera conocimiento válido y
qué se descarta como superstición². Hobsbawm fue más seco todavía en su análisis: dijo que,
pasada una etapa de competencia comercial más o menos calma, terminó siendo el poder, sin
adornos, el que repartió el mundo³.
Entre 1870 y 1914 viene una segunda etapa, otra vez despareja: primero Europa
Occidental, después Estados Unidos y Japón. Electricidad, acero, petróleo. Aparece el modelo
fordista, y con él el trabajo se parte en pedacitos repetidos y cronometrados. Edison, Tesla,
Ford, Rockefeller (nombres que uno memoriza en la escuela sin entender bien por qué
importan tanto) son en el fondo la cara visible de algo más grande: el capitalismo se vuelve
monopólico, se mete de lleno con las finanzas, nacen las bolsas de valores tal como las
conocemos hoy. Del otro lado, mientras tanto, la clase obrera empieza a organizarse en serio.
Sindicatos, socialismo, una respuesta política que ya no podía seguir esperando.
2
Después de la Segunda Guerra Mundial, y con más fuerza todavía con la crisis del
petróleo de los setenta, el modelo fordista empieza a hacer agua. Ahí aparece una tercera
etapa: el microchip, los primeros pasos de internet, la computadora personal. La industria
pesada le va cediendo lugar a la automatización. Y todo esto coincide, no por casualidad, con
el giro neoliberal de Reagan y Thatcher (menos Estado, más flexibilidad laboral). El resultado
fue parejo solo si uno no mira de cerca: el norte global se desindustrializa, crece el sector
servicios, pero el trabajo se vuelve más inestable y las finanzas empiezan a pesar más que la
producción de cosas reales.
La cuarta mezcla lo físico con lo digital y lo biológico, todo junto. Inteligencia artificial,
big data, biotecnología. Klaus Schwab, que fue quien le puso nombre, habla de tres cosas que
la hacen distinta: la velocidad, que es exponencial y no lineal; la amplitud, porque combina
tecnologías muy distintas entre sí al mismo tiempo; y la profundidad, porque no cambia
industrias sueltas, cambia sistemas enteros. Empresas como Google, Amazon o Tesla dejan de
ser solo empresas y pasan a manejar buena parte de la vida de millones de personas a través
de sus datos. Shoshana Zuboff le puso un nombre concreto a esto: capitalismo de vigilancia.
Básicamente, un negocio que toma nuestra experiencia diaria como materia prima gratis, algo
que ella compara con lo que el capitalismo industrial hizo con la naturaleza en su momento. Y
después llegó la pandemia, que aceleró todo de golpe, dejando en el aire una pregunta que
sigue sin respuesta: cuánto poder está terminando concentrado en muy pocas manos.
De la quinta recién se está empezando a hablar, y la verdad es que todavía suena más
a promesa que a otra cosa. Economías pensadas para el bienestar y no solo para crecer por
crecer. Transición hacia energías más limpias. Una inteligencia artificial que, dicen, va a venir
acompañada de algo más humano. No sé si va a ser un cambio de verdad o el mismo negocio
con otro envoltorio. Habrá que verlo con el tiempo, como con todo esto.
En fin. Lo que sí parece cierto, después de repasar todo este camino, es que ninguno
de estos cambios se quedó en lo técnico. Siempre terminaron metiéndose en cosas más
básicas: cómo medimos el tiempo, cómo armamos una familia, quién tiene el poder y quién no.
Y eso, más que cualquier otra cosa, es lo que hay que mirar, cuando aparece la próxima
novedad tecnológica , porque seguro que va a traer bastante más que tecnología.
Referencias
1. Thompson, E. P. (1967). "Time, Work-Discipline, and Industrial Capitalism". Past and
Present, 38(1), 56-97. Trad. esp.: "Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial",
en Costumbres en común. Barcelona: Crítica, 1995.
2. Mignolo, W. D. (2012). Local Histories/Global Designs: Coloniality, Subaltern
Knowledges, and Border Thinking. Princeton, NJ: Princeton University Press.
3. Hobsbawm, E. J. (1975). La era del capital, 1848-1875. Barcelona: Grupo Planeta /
Crítica.
4. Schwab, K. (2016). The Fourth Industrial Revolution. Ginebra: World Economic Forum.
5. Zuboff, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at
the New Frontier of Power. Nueva York: PublicAffairs.
El texto logra desarmar de una muy buena manera el mito de la Revolución Industrial como un hecho puntual y puramente técnico, mostrándola como un proceso continuo de reconfiguración social, cultural y geopolítica; toca temas de suma importancia y que son puntuales para el entendimiento de la tesis principal del texto, no es un texto que se desvié del tema principal este es claro y contúndete y logra su trabajo.
ResponderBorrarMe parece un texto brillante por su capacidad para trazar la línea de continuidad entre el reloj fabril del y la recolección masiva de datos en la era digital. Es muy acertada la lectura que hace el autor sobre la llamada Quinta Revolución Industrial, cuestionando si se trata de una transformación real hacia el bienestar o simplemente del mismo modelo con un envoltorio renovado. Un ensayo lúcido que cumple con la tarea de hacernos reflexionar sobre las implicaciones sociales del progreso técnico.
ResponderBorrarMe pareció un ensayo muy interesante por la manera en que relaciona el control del tiempo durante la Revolución Industrial con la recopilación masiva de información que existe actualmente en la era digital. Considero especialmente acertada la reflexión sobre la llamada Quinta Revolución Industrial, ya que cuestiona si realmente estamos frente a un cambio orientado hacia un mayor bienestar o si, en realidad, se trata del mismo modelo de siempre presentado bajo nuevas formas y tecnologías.
ResponderBorrarEn general, considero que es un texto claro y reflexivo, que logra ir más allá de hablar únicamente sobre los avances tecnológicos. Su mayor aporte está en plantear preguntas sobre las consecuencias sociales de estos cambios y en invitarnos a pensar si todo progreso técnico representa necesariamente un verdadero progreso para la sociedad.